24 febrero 2007

DE CAMINO HACIA EL MONASTERIO E IGLESIA DE SAN JERÓNIMO - GRANADA







































































DE CAMINO HACIA EL MONASTERIO E IGLESIA DE SAN JERÓNIMO

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Hoy sábado, bajo una mañana a azul abierto por fin, después de tanta lluvia, día más que idóneo para este tipo de actividades más que recomendables , decidimos realizar esta visita al magnífico Monasterio de San Jerónimo y que tenemos tan a mano en nuestra ciudad. Monumento al que todos los granadinos deberíamos de echarle más de una ojeada; tanto por su importancia histórica, arquitectónica, como para contemplar puramente esas tan extraordinarias joyas que encierra para sus adentros. Así que, y como nunca es tarde, vayamos abiendo los ojos.


La visita la iniciamos en la recia Puerta de Elvira situada en la Plaza del Triunfo y que fue construida durante la dominación islámica para darle, por aquél entonces, salida y entrada a la ciudad.
La Puerta formaba parte de una estructura defensiva, de la que se conserva sólo su frente exterior y además comunicaba con otras puertas como su vecina Puerta Monaita. Su inmediato anexo interno, del siglo XI, fue derribado en el siglo XIX. El gran arco de herradura comunicaba con el espacio que precedía a la puerta propiamente dicha, y como casi todas “desaparecida en combate, destruida o enviada a mejor vida” y que cumplía con su acometida de defensa. En el interior, había un patio donde se disponían nichos para la guardia. La obra que vemos en la actualidad, y sobresaliente barbacana, puede datarse del siglo XIV y está realizada en tapial.
Encaminados hacia el Monasterio de San Jerónimo hacemos una pequeña parada en sus adyacentes, justo enfrente a la fachada principal del Hospital Real de Granada.
Mandado construir por los Reyes Católicos, este imponente edificio gótico con posteriores elementos clásicos es sede del Rectorado y Biblioteca Central de la Universidad.
Se encuentra enclavado entre las calles Real de Cartuja, Ancha de Capuchinos y Avenida del Hospicio, donde se encuentra su entrada. En este lugar había, en época musulmana, un cementerio (Saad Malik) y con la conquista cristiana el terreno fue cedido a la ciudad como ejido “campo de uso común para un municipio”
Las obras que se iniciaron en 1511, y se interrumpieron a la muerte del Rey Fernando el Católico, se reanudaron en 1522 por su nieto el Emperador Carlos V. Pero el 3 de julio de 1549 un desgraciado incendio ocasionado por unos festejos de celebración, hizo que tuvieran que volver a reconstruir casi la totalidad de sus techos de madera.
En esta obra intervinieron los más importantes artistas del momento: Enrique Egas, Machuca, Siloé.... Es una obra ecléctica, donde se mezclan elementos góticos, renacentistas y mudéjares. Sobre una planta renacentista se superpone un alzado gótico. El edificio es de planta de cruz griega, enmarcada en un cuadrado, en cuyos ángulos hay cuatro patios simétricos, alzándose en el crucero un cimborrio. Destacar también su Cuarto Real, en donde se alojó el mismísimo Don Juan de Austria.
A continuación nos paramos en la recientemente remodelada y también llamada por los granadinos “Plaza del Triunfo” (la que ocupa los Jardines y la Virgen del mismo nombre), siendo la verdadera Plaza, y marcada como tal, la que antes dejamos a nuestras espaldas junto al Arco de Elvira.
Esta magnífica y céntrica explanada se extiende desde el antiguo Convento de la Merced, actualmente Cuartel de Infantería y anterior Gobierno Militar, la Iglesia de San Ildefonso y calle Real de Cartuja, hasta las calles de San Juan de Dios y Canasteros y hasta la Puerta de Elvira. Aquí estuvo además ubicada la vieja Plaza de Toros de Granada hasta que en 1960 se traslada la Virgen Inmaculada coronando y encabezando estos formidables jardines cuyas espaldas están ornamentados con una magnífica fuente de 75 metros de largo con juegos de luces de colores.
Continuando con nuestra visita, ahora descendemos por la Calle de San Juan de Dios para hacer la última parada antes de entrar en el cercano Monasterio de San Jerónimo. Haciendo una breve parada para visitar, antes, el Patio Central del Hospital de San Juan de Dios.
El Hospital fue el primero de esta Orden de caridad y ocupó un edificio que anteriormente había sido Monasterio de San Jerónimo. La portada, que data de 1609, es muy sobria. Está formada por dos cuerpos, columnas dóricas y pilastras. Sobre ello, un frontón partido en cuyo centro hay una escultura de San Juan de Dios. En su interior, destaca el zaguán con techo de artesonado renacentista, un patio con arquerías también renacentistas y adornado con grandes cuadros de pintura sobre la vida y relatos de la Granada de San Juan de Dios, y una escalera original “de carruajes” con techo de madera bellamente decorado.
Y ya para culminar con nuestra visita, la joya del día servida en bandeja gracias a los monjes y monjas jerónimas que hasta la actualidad la han conservado: El Monasterio y la Iglesia de San Jerónimo.
Situado en la Calle Rector López Argüeta, La Iglesia y Convento, fueron realizados por El Florentino, El Indiano y Diego de Siloé. El retablo, encargado por los monjes tras finalizar la guerra de las Alpujarras, es una maravillosa obra y al parecer por él pasaron multitud de manos prodigiosas y cuyo estudio para ser atribuidas está en vías de identificación. Añadir también que en esta iglesia reposan los restos de Fernando González de Córdoba, “El Gran Capitán”.
Fundado en 1492 por los Reyes Católicos en San Fe, se trasladó a la Capital de Granada y se construyó desde 1500 con la piedra árabe de la Puerta de Elvira, sobre las Huertas del Nublo de los reyes nazaríes. El crucero y la capilla mayor renacentistas son obra de Jacobo Florentino y del burgalés Diego de Siloé (aunque el Arquitecto Jacobo Florentino realmente sólo estuvo implicado en este proyecto desde 1525 hasta 1526, poniendo más nombre que tiempo a esta hermosa creación). La mano de Siloé se calcula que actuó desde 1525 hasta 1547-1548 y que fue parada por motivos de sus malas relaciones con los herederos del Gran Capitán. Después de 1548 vino el amueblamiento de la Capilla Mayor y por el que los monjes, tirando de las rentas de donaciones y ofrendas, emplearon para dicho propósito, incorporándose, ya sobre el Siglo XVIII, el púlpito y la gran balaustrada y cuyos frescos datan también de esta misma época.
Destacan también el coro (atribuido a Diego de Siloé) y una hermosa Soledad a la izquierda de la nave, obra de Pedro de Mena o a la de su escuela más próxima y un Cristo yacente a sus pies y que algunas guías turísticas erróneamente confieren su autoría al gran maestro Pablo de Rojas.
Decir también que la planta es de cruz latina en una sola nave, cubierta por bóvedas góticas de crucería, con capillas laterales y cabecera ochavada, lo más significativo de ella, y para aquella época innovadora, y a la que se adapta el magnífico retablo. El impresionante exterior, con grandes contrafuertes y sobria portada, se adorna con escudos del Gran Capitán y su esposa Dª María Manrique, ambos sostenidos por guerreros.
El convento consta de dos claustros. El primero es gótico, con arcos carpaneles, capiteles de figuras fantásticas y bellas portadas platerescas de Siloé y su escuela. El segundo es protorrenacentista y de menores proporciones y que no podemos visitar por ser de rigurosa clausura de las monjas jerónimas, ocupantes actuales del mismo.
Punto y final de esta provechosa visita y de la que dejo constancia con algunas instantáneas como muestra y excusa y reclamo para todo aquel que no lo haya visitado, al Monasterio me refiero, se aproxime con sus ojos, sentidos y tiempo suficiente para comprobarlo.