11 febrero 2008

ARTE EN LA CALLE

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El pensador, gran modelo, 1903
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Jean d'Aire (1887)
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Pierre de Wissant (1886)
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Eustache de Saint Pierre (1887)
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Jacques de Wissant (1888)
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Pierre de Wissant (1887)
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La misma desde otro ángulo, como punto y muestra de que la escultura es tridimensional y así hay que visualizarla
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Jean de Fiennes (hacia 1887)



ARTE EN LA CALLE


Para no perdérselo ni perderte por Granada, os recomiendo una pequeña muestra de la obra de Auguste Rodin, cuya exposición ha sido organizada por la Obra Social de la Caixa y el Ayuntamiento de nuestra capital, en colaboración con el Musée Rodin de París y que estará abierta, y nunca mejor dicho, desde el 5 de febrero al 24 de marzo de 2008.
Obra que fue concebida por el escultor francés Auguste Rodin (12-11-1840; 17-11-1917), autor de la misma y que la creó rompiendo moldes. Modernismo al que se acercó, olvidándose para ello de la época y fijaciones, dándole textura y casi habla al mundo de sus esculturas. Dando muestra, con todo tipo de detalle del hombre en movimiento, junto a su pensamiento y expresiones, interiores y exteriores; de su desnudez, incluso distorsionando su anatomía para acercarla a su pensamiento. Todo ello rodeado de matices, al aire libre, por cada vez que se le admira, dándole vueltas y vueltas a la escultura. Dejándonos verla, tras acompañarla, en sus distintos ángulos, como de mil maneras con sus mil preguntas. Casi inquieta, principalmente a la altura del observador y a la vez semejante.
Luces de Granada que impregnan estas bellas imágenes, instaladas junto a la Fuente de las Batallas, en el corazón de Granada, junto al paso cotidiano de la gente.
Un total de 7 esculturas, en la que destaca, en alto pedestal, El Pensador; un retrato del poeta Dante, capturado por el autor en el mismísimo pensamiento de su visión (frisos con las figuras pecadoras bajo él), de ahí su nombre.
Bronces que hoy tenemos como regalo para la vista y los sentidos de este autor influenciado por Donatello y en su mayor grado por el maestro de maestros, Miguel Angel y la casi ignota escultura del afamado también y maestro francés Edgar Degas. Pintor que, como el propio Rodin, viajó y bebió de la Italia más artística.
Obra en bronce que seguramente se nos quedará marcada en la memoria, y que debemos de aprovechar como una oportunidad de oro.

10 noviembre 2007

POR LAS CIUDADES DE BAEZA Y ÚBEDA, CON LA CATEGORÍA DE PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

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ÚBEDA:
Fachada de la Sacra Capilla del Salvador, símbolo de Úbeda. Se trata de una iglesia-panteón renacentista, proyecto de Diego de Siloé y realización de Andrés de Vandelvira a partir del año 1.540
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Palacio del Conde de Guadiana. BIC, en la calle Real, manierista: con torre de 4 plantas con balcones en esquina.
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Facha norte de la Iglesia de San Pablo de estilo gótico-isabelino
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Iglesia de San Pablo: monumento nacional e iglesia más antigua de Úbeda, cuya constucción se cree data de la época visigoda. Esta iglesia, segunda en importancia tras Santa Maria, tiene un marcado carácter celebrativo y asambleario, pues hasta el siglo XV se reunía en ella el Concejo de la ciudad y los nobles. Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, fue quien llevó a cabo un amplio programa de renovación y engrandecimiento. Tiene el tejado de cerámica bicolor. La portada orientada al norte, y que da a la plaza, es de estilo gótico isabelino; la principal, y llamada "de los carpinteros", es románico. Todo el edificio se enriquece con novedades renacentistas
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Artesonado de la escalera principal del Hospital de Santiago
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Cúpula de la torre izquierda de la fachada principal del Hospital de Santiago
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Hospital de Santiago: uno de los símbolos de la ciudadde Úbeda (junto al Salvador), monumento nacional flanqueado por 4 altas torres, obra culminante de Andrés de Vandelvira , que actualmente funciona como una suerte de Centro multiservicios de congresos y exposiciones. Especialmente interesantes son la capilla, con pinturas de Pedro de Raxis y Gabriel Rosales, la escalera, la sacristía y la antesacristía, los patios laterales y el gran patio central de columnas de mármol blanco pulidas en Carrara. En el patio trasero se ha construido un jardin.
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BAEZA:
Ayuntamiento: edificio de estilo plateresco fue la antigua Cárcel y Casa de Justicia. Consta de dos cuerpos separados por una imposta. En el inferior están las dos puertas de acceso, la de la izquierda daba a la cárcel y la de la derecha a la Casa de Justicia. En el cuerpo superior hay cuatro balcones ordenados al modo serliano. Entre los cuatro balcones están distribuidos los tres escudos que se repiten por toda la ciudad: escudo de Felipe II, escudo del Corregidor Juan de Borja y escudo de la ciudad. La cornisa está decorada con grandes ovas, sofitos o tableros y con ménsulas de volutas con figuras de niños, enanos, esfinges, quimeras águilas, chivos alados, hojas de acanto. En el vestíbulo, yeserías renacentistas. El Salón de Plenos tiene un formidable artesonado renacentista policromado que fue trasladado desde el convento de San Antón
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Vista, entre columnas , de la Torre de los Aliatares. Su nombre arranca de la leyenda de que fue posesión de esta importante familia musulmana hasta la conquista. Tiene una altura de veinticinco metros, con almenas semejantes a las del Arco de Villalar y alberga el reloj principal de la ciudad y la campana.
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Catedral, edificada sobre la antigua mezquita, que a su vez había sido construida sobre un templo pagano anterior. De estilo renacentista, del siglo. XVI, fue edificada en gran parte por el arquitecto Andrés de Vandelvira
Fuente de Santa María, está situada en el centro de la plaza del mismo nombre, entre el Seminario de San Felipe Neri y la Catedral. Se trata de una obra del año 1.564 del arquitecto baezano Ginés Martínez, encargado también de realizar el proyecto de la traída de aguas a la ciudad. En ella figura un triple arco triunfal romano, aludiendo a la herencia histórica y rango de la ciudad, y coronado por un gran frontón triangular sostenido por atlantes.
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Interior de la Iglesia de Santa Cruz
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Iglesia de Santa Cruz de estilo románico, una rareza insólita en plena Andalucía. La portada oeste procede de las ruinas de la iglesia de San Juan. La planta es de tres naves con ábside semicircular. En el lado de la epístola ha aparecido un arco visigótico. En el lado del evangelio se abre una capilla en lo que fuera segunda puerta. Esta Iglesia fue de la Orden de los Templarios.
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Palacio de Jabalquinto, uno de los emblemas de la ciudad. De estilo plateresco isabelino, con adorno de ocho escudos terciados a la valona (inclinados) y contrafuertes cilíndricos que se abren en mocárabes, a modo de balcónromántico . Tiene un patio renacentista y una espectacular escalera barroca con estípites, balaustres y volutas. Lo mandó construir Juan Alfonso de Benavides, emparentado con el rey Fernando el Católico.
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Entrada al aula en donde el gran maestro y poeta Antonio Machado impartió sus clases.
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Interior del Instituto o antigua Universidad de Baeza
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Instituto o antigua Universidad: la Universidad funcionó durante más de tres siglos, hasta 1824 en que pasó a ser el Colegio de Humanidades. En 1875 el regio edificio pasó a ser la sede del nuevo Instituto de Bachillerato, donde dio clase de gramática francesa el gran maestro y poeta Antonio Machado. En la fachada pueden verse los escudos del canónigo Fernández de Córdoba. El número de borlas que adornan el escudo a modo de timbre es mayor de lo que le correspondería en realidad. A mayor dignidad, mayor número de borlas.
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Puerta de Jaén (izquierda) y Arco de Villalar (derecha) eregido para conmemorar la batalla de Villalar , Valladolid 1521, en la que triunfaron las tropas de Carlos I contra los Comuneros de Castilla.



POR LAS CIUDADES DE BAEZA Y UBEDA, CON LA CATEGORÍA DE PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

Aprovechando que el pasado puente de Todos los Santos nos dirigimos desde Granada a tierras de Cazorla para hacernos unas rutas de senderismo, a nuestro paso por estas dos ciudades jienenses, monumentales por ellas solas, realizamos la correspondiente, aunque breve visita, a las mismas. Ciudades ambas que fueron declaradas como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco el 3 de julio de 2003 y con toda la razón monumental del mundo.
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BAEZA:
Primera parada que hicimos en ella y que nada más introducirnos por entre sus calles observamos que su concentración monumental llena casi toda esta ciudad tan recogida.
Ciudad de Baeza que nada más pisar en ella se respira monumental por sus cuatro puntos cardinales. Siendo, además, una de las tres sedes de la Universidad Internacional de Andalucía.
Población ésta de Baeza, que se encuentra en pleno centro geográfico de la provincia de Jaén, existiendo en el primer escalón del plateresco edificio de su Ayuntamiento un punto que históricamente lo señala como tal. Cabeza del reino que mantuvo su relevancia hasta finales del siglo XVI, hasta que Jaén la copara.
Entre sus numerosos monumentos se encuentran el Palacio de Jabalquinto, la Catedral, la Antigua Universidad, la fuente de Santa María y la de Los Leones (con la estatua íbera de la diosa Himilce), la Puerta de Úbeda, etc.
Su catedral fue la primera consagrada en Andalucía. También contó con una de las cuatro universidades de Andalucía junto con Sevilla, Granada y Osuna.
Entre sus personajes ilustres se encuentra el gran maestro y poeta Antonio Machado, que aunque no era oriundo de Baeza, residió aquí entre 1912 y 1919.
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* ÚBEDA:
Abandonamos Baeza y no acercamos hasta la capital de la fértil comarca jienense de La Loma: la ciudad de Úbeda que se encuentra sobre un cerro, volcada hacia el valle del Guadalquivir, frente a la imponente Sierra Mágina, y cerca del mismo centro geográfico de la provincia de Jaén.
Constituye un importante centro de atracción, al contar con hospital comarcal, centros educativos y escuelas universitarias, Delegación de Hacienda, Seguridad Social, Juzgados, Centro del Profesorado (CEP), etc... derivando en uno de los índices de centralidad más altos de toda Andalucia y que principalmente vive del sector servicios, añadiéndole últimamente el turístico desde que fuese investida por la UNESCO, junto con la de Baeza, como Patrimonio Cultural de la Humanidad en la fecha anteriormente indicada. Además, por producción, el de ser el centro neurálgico del olivar, siendo año tras año el municipio de mayor producción de aceite del mundo.
Ciudades de Baeza y Úbeda que abandonamos con un fuerte sabor a historia, traducida en sus momumentos que guardan y conservan en ese estupendo estado y merecedor del galardón justamente concedido por la UNESCO.

24 febrero 2007

DE CAMINO HACIA EL MONASTERIO E IGLESIA DE SAN JERÓNIMO - GRANADA


































































































































































































DE CAMINO HACIA EL MONASTERIO E IGLESIA DE SAN JERÓNIMO

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Hoy sábado, bajo una mañana agasajada por el buen tiempo y para la que el sol nos abría, por fin, el día con sus rayos en forma de buen presagio, hemos realizado esta visita al magnífico Monasterio que tenemos tan a mano en nuestra ciudad y al que todos los granadinos deberíamos de visitar por su peso histórico para contemplar esta extraordinaria joya del pasado.
La visita la iniciamos en la recia Puerta de Elvira situada en la Plaza del Triunfo y que fue construida por los árabes para darle, por aquél entonces, salida y entrada a la ciudad.
La Puerta formaba parte de una estructura defensiva, de la que se conserva sólo su frente exterior y además comunicaba con otras puertas como su vecina Puerta Monaita. Su inmediato anexo interno, del siglo XI, fue derribado en el siglo XIX. El gran arco de herradura comunicaba con el espacio que precedía a la puerta propiamente dicha, y como casi todas “desaparecida en combate, destruida o enviada a mejor vida” y que cumplía con su acometida de defensa. En el interior, había un patio donde se disponían nichos para la guardia. La obra que vemos en la actualidad, y sobresaliente barbacana, puede datarse del siglo XIV y está realizada en tapial.
Encaminados hacia el Monasterio de San Jerónimo hacemos una pequeña parada en sus adyacentes, justo enfrente a la fachada principal del Hospital Real de Granada.
Mandado construir por los Reyes Católicos, este imponente edificio gótico con posteriores elementos clásicos es sede del Rectorado y Biblioteca Central de la Universidad.
Se encuentra enclavado entre las calles Real de Cartuja, Ancha de Capuchinos y Avenida del Hospicio, donde se encuentra su entrada. En este lugar había, en época musulmana, un cementerio (Saad Malik) y con la conquista cristiana el terreno fue cedido a la ciudad como ejido “campo de uso común para un municipio”
Las obras que se iniciaron en 1511, y se interrumpieron a la muerte del Rey Fernando el Católico, se reanudaron en 1522 por su nieto el Emperador Carlos V. Pero el 3 de julio de 1549 un desgraciado incendio ocasionado por unos festejos de celebración, hizo que tuvieran que volver a reconstruir casi la totalidad de sus techos de madera.
En esta obra intervinieron los más importantes artistas del momento: Enrique Egas, Machuca, Siloé.... Es una obra ecléctica, donde se mezclan elementos góticos, renacentistas y mudéjares. Sobre una planta renacentista se superpone un alzado gótico. El edificio es de planta de cruz griega, enmarcada en un cuadrado, en cuyos ángulos hay cuatro patios simétricos, alzándose en el crucero un cimborrio. Destacar también su Cuarto Real, en donde se alojó el mismísimo Don Juan de Austria.
A continuación nos paramos en la recientemente remodelada y también llamada por los granadinos “Plaza del Triunfo” (la que ocupa los Jardines y la Virgen del mismo nombre), siendo la verdadera Plaza, y marcada como tal, la que antes dejamos a nuestras espaldas junto al Arco de Elvira.
Esta magnífica y céntrica explanada se extiende desde el antiguo Convento de la Merced, actualmente Cuartel de Infantería y anterior Gobierno Militar, la Iglesia de San Ildefonso y calle Real de Cartuja, hasta las calles de San Juan de Dios y Canasteros y hasta la Puerta de Elvira. Aquí estuvo además ubicada la vieja Plaza de Toros de Granada hasta que en 1960 se traslada la Virgen Inmaculada coronando y encabezando estos formidables jardines cuyas espaldas están ornamentados con una magnífica fuente de 75 metros de largo con juegos de luces de colores.
Continuando con nuestra visita, ahora descendemos por la Calle de San Juan de Dios para hacer la última parada antes de entrar en el cercano Monasterio de San Jerónimo. Haciendo una breve parada para visitar, antes, el Patio Central del Hospital de San Juan de Dios.
El Hospital fue el primero de esta Orden de caridad y ocupó un edificio que anteriormente había sido Monasterio de San Jerónimo. La portada, que data de 1609, es muy sobria. Está formada por dos cuerpos, columnas dóricas y pilastras. Sobre ello, un frontón partido en cuyo centro hay una escultura de San Juan de Dios. En su interior, destaca el zaguán con techo de artesonado renacentista, un patio con arquerías también renacentistas y adornado con grandes cuadros de pintura sobre la vida y relatos de la Granada de San Juan de Dios, y una escalera original “de carruajes” con techo de madera bellamente decorado.
Y ya para culminar con nuestra visita, la joya del día servida en bandeja gracias a los monjes y monjas jerónimas que hasta la actualidad la han conservado: El Monasterio y la Iglesia de San Jerónimo.
Situado en la Calle Rector López Argüeta, La Iglesia y Convento, fueron realizados por El Florentino, El Indiano y Diego de Siloé. El retablo, encargado por los monjes tras finalizar la guerra de las Alpujarras, es una maravillosa obra y al parecer por él pasaron multitud de manos prodigiosas y cuyo estudio para identificarlas está en vías de de identificación. Añadir también que en esta iglesia reposan los restos de Fernando González de Córdoba, “El Gran Capitán”.
Fundado en 1492 por los Reyes Católicos en San Fe, se trasladó a la Capital de Granada y se construyó desde 1500 con la piedra árabe de la Puerta de Elvira, sobre las Huertas del Nublo de los reyes nazaríes. El crucero y la capilla mayor renacentistas son obra de Jacobo Florentino y del burgalés Diego de Siloé (aunque el Arquitecto Jacobo Florentino realmente sólo estuvo implicado en este proyecto desde 1525 hasta 1526, poniendo más nombre que tiempo a esta hermosa creación). La mano de Siloé se calcula que actuó desde 1525 hasta 1547-1548 y que fue parada por motivos de sus malas relaciones con los herederos del Gran Capitán. Después de 1548 vino el amueblamiento de la Capilla Mayor y por el que los monjes, tirando de las rentas de donaciones y ofrendas, emplearon para dicho propósito, incorporándose, ya sobre el Siglo XVIII, el púlpito y la gran balaustrada y cuyos frescos datan también de esta misma época.
Destacan también el coro (atribuido a Diego de Siloé) y una hermosa Soledad a la izquierda de la nave, obra de Pedro de Mena o a la de su escuela más próxima y un Cristo yacente a sus pies y que algunas guías turísticas erróneamente confieren su autoría al gran maestro Pablo de Rojas.
Decir también que la planta es de cruz latina en una sola nave, cubierta por bóvedas góticas de crucería, con capillas laterales y cabecera ochavada, lo más significativo de ella, y para aquella época innovadora, y a la que se adapta el magnífico retablo. El impresionante exterior, con grandes contrafuertes y sobria portada, se adorna con escudos del Gran Capitán y su esposa Dª María Manrique, ambos sostenidos por guerreros.
El convento consta de dos claustros. El primero es gótico, con arcos carpaneles, capiteles de figuras fantásticas y bellas portadas platerescas de Siloé y su escuela. El segundo es protorrenacentista y de menores proporciones y que no podemos visitar por ser de rigurosa clausura de las monjas jerónimas, ocupantes actuales del mismo.
Punto y final de esta provechosa visita y de la que dejo constancia con algunas instantáneas como muestra y excusa y reclamo para todo aquel que no lo haya visitado, al Monasterio me refiero, se aproxime con sus ojos, sentidos y tiempo suficiente para comprobarlo.

06 diciembre 2006

CASTILLO DE LA CALAHORRA



















































































































































































CASTILLO DE LA CALAHORRA

Hoy, día 6 diciembre, estrenando este largo puente sobre la Constitución y la Inmaculada, y aprovechando que el mismo caía en miércoles, decidimos visitar el Castillo de la Calahorra, desplazándonos hasta esta localidad, a la que llegamos tomando la A-92 y desviándonos por la salida 312. Digo lo del miércoles porque es el único día de la semana en el que su guía “Antonino” lo enseña en horas de 10 a 13 y de 16 a 18, así que teníamos que aprovechar esta suerte como fuese y a pesar del gélido viento del norte que corría ya, desde primeras horas de la mañana por Granada, allí que nos encaminamos con el cielo azul como aliado.
Antes de llegar al pueblo de la Calahorra, población perteneciente a la antigua provincia Bastetana, llamada Arcilacis y que posteriormente derivó en Alcala Horra o Castillo de las Peñas, la carretera de acceso, una vez abandonada la Autovía A-92, ofrece una amplia vista en panorámica de este hermoso pueblo y de su Castillo. Al que podemos subir, bien a pie a través de una empinada cuesta que parte desde una de sus calles a la espalda de su Iglesia, o en vehículo por un carril en no muy bien estado por cierto, hasta su mismísima base.

Breve Historia.

La historia del castillo de La Calahorra está íntimamente unida a la de Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, el primer marqués del Zenete, a quien se debe su construcción y que fue uno de los precursores del Renacimiento italiano en España.
Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza fue fruto de los amores ilegítimos del Gran Cardenal Pedro González de Mendoza, el “tercer Rey de España”, y de Mencía de Lemos, dama de compañía de la Reina Juana de Portugal. La Reina Isabel, pese a ser muy estricta en cuanto a la moralidad de sus súbditos, perdonó este desliz de su más allegado consejero y puso al niño el sobrenombre de "su más bello pecado”.
Don Rodrigo, cuyo nombre le pusieron sus padres en honor al célebre Cid Campeador, se casó en 1492 en primeras nupcias con Doña Leonor de la Cerda, hija del Duque de Medinacelli. Fruto de este matrimonio tuvieron un único hijo que murió prematuramente.
A la muerte de su padre, en 1495, Don Rodrigo heredó el castillo de La Calahorra. Esta imponente fortaleza medieval, aislada en un lugar inhóspito, fue construida por los Moros (de ahí su apariencia exterior) convertidos al Cristianismo, y regalada posteriormente a la aristocracia local. Se piensa que sirvió de prisión durante la Reconquista – aún se pueden ver las celdas en el interior del castillo. En 1490, los Reyes Católicos se la regalaron al Cardenal Mendoza por los servicios prestados y su lealtad.
Don Rodrigo tenía fama de mujeriego y su esposa, cansada de sus infidelidades y muy afectada por la muerte de su hijo, murió de agotamiento en 1497.
Tras su viaje a Italia y un frustrado intento de apaño para casarlo con Lucrecia Borgia, conoció a la que sería su segunda esposa María de Fonseca, con la que se casaría a escondidas, a sabiendas sólo de su madre, ya que su padre, Don Alfonso de Fonseca, tenía para ella y en su particular lista de candidatos a uno de sus primos. La reina Isabel, al enterarse, anuló el matrimonio y encerró a Don Rodrigo en el Castillo de Cabezón.
Pero a la muerte de la Reina, año 1504, Don Rodrigo fue liberado por el Rey Felipe el Hermoso, y volvió al intento, sacando a la bella María de Fonseca del convento en donde estaba recluida y se volvieron a casar, ya oficialmente, trasladándose al castillo de la Calahora.
Entre 1509 y 1512, para comodidad de su esposa y de sus dos hijas (Mencía y María), Don Rodrigo hizo construir el magnífico palacio renacentista que se sitúa en el interior del castillo. El proyecto se encargó a Lorenzo de Vázquez, arquitecto de la Casa Mendoza, y la decoración se confió a Michele Carlone, de Rovio, y a los escultores Egidio, Pietro y Giovanni de la Verda, de Gandria – la escalera que lleva a la galería superior está hecha en mármol de Carrara, directamente importado de Italia.
Más tarde, Don Rodrigo fue nombrado gobernador de Valencia, y se instaló definitivamente en esta ciudad donde murió el 22 de febrero de 1523. Su cuerpo descansa en el convento de Santo Domingo de Valencia.

El Castillo.

El castillo de La Calahorra es de considerable importancia artística, por ser el primer edificio español en el que se introducen los nuevos aires del Renacimiento.
Su exterior no presenta la típica estampa de castillo medieval, apreciándose esa forma circular en sus torres de los ángulos. El motivo pues, que las armas disponibles en la fecha de su construcción, habían cambiado el concepto de defensa.
Destaca, en el mismo, el color rojizo de sus muros proveniente del polvo de las minas de Alquife y que se encuentran a escasos kilómetros de distancia.
Su planta es rectangular. La única puerta de acceso se abre en el muro este y es de pequeñas dimensiones, de arco de medio punto adovelado, y sobre ella se encuentra el escudo de la segunda esposa del marqués del Zenete, María de Fonseca. Pasada la puerta un pequeño zaguán abierto da acceso a la sala de guardia, en la que una pequeña escalera conduce al patio, que aunque desplazado hacia el oeste, centra el edificio, distribuyéndose en torno a él las diversas dependencias o estancias, cubriéndose éstas con artesonados de muy diferentes formas. Siendo los techos más altos los que ocupaban los marqueses y los más bajos los de los sirvientes. Escala que se llevaba con criterio de rango por aquellos tiempos.
Es castillo tiene patio central y dos pisos de alzada. Lo más destacado del palacio junto a las galerías, escalera y artesonados es la iconografía de portadas y vanos, en donde se exponen temas míticos y grutescos del primer renacimiento. Estos fueron realizados en Italia.
Decir por último que esta fortaleza está, en la actualidad, en manos de propiedad privada, siendo su actual propietario Don Íñigo de Arteaga y Martín, que desde 1997 es el actual Duque del Infantado. Posee desde este mismo año los títulos de Almirante de Aragón, Marqués de Santillana, de Ariza y de Távara (este desde 1995, cedido luego a su hijo Iñigo de Arteaga y del Alcázar, nacido en 1969), Conde de la Monclova y Señor de la Casa de Lazcano, todos estos títulos con Grandeza de España en cada uno de ellos. Es asimismo Marqués de Valmediano, de Cea (cedido a su hija Almudena), de Armunia, Conde de Corres, de Saldaña (cedido a su hijo Íñigo, BOE 21-9-2002), del Real de Manzanares y de Santiago. Tiene la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco desde 2000. Como sus antepasados Arteaga es presidente de la Junta de Patronato del Real Colegio de España en Bolonia (Italia).
Su hija Almudena de Arteaga y del Alcázar (marquesa de Cea, nacida en 1967) ha publicado en 1998 una biografía novelada sobre Ana, la Princesa de Éboli, continuada luego con otras novelas históricas.
Total, casi nada…! Y como tanto título ya no cabía en el castillo, ahora está deshabitado y de tratos con la Junta de Andalucía por si llegásemos "entre todos" a comprárselo (a los andaluces me refiero, claro). Yo me pediría.…O mejor me conformaría, por lo que me pudiera tocar, por la boca o por la vista, con esas a la Sierra, desde esa habitación de la reja. (Es broma!)

Alrededores de interés

Después de la visita al Castillo de la Calahorra, realizamos otra más rápida a cada una de sus cercanas localidades: Ferrerira (a 3 km de distancia con dirrección al Puerto de la Ragua), Alquife, pueblo minero, ( a 5 km.) y Aldeire (a unos 2 km.) para terminar con este día tan señalado. Y ya a la vuelta, camino a casa, a nuestra querida Granada, visitar la Presa de Francisco Abellán, tomando la salida 284 de la A-92.
Día que ha merecido la pena, bajo ese artículo 19 de la mismísima Constitución española, y en el que sabiamente se dice que “todos los españoles podemos circular libremente por el territorio nacional.”. Derecho mínimo, grande e inapreciable en estos tiempos, a estas alturas de la libertad y por la que la humanidad ha luchado tanto.

27 noviembre 2006

MONASTERIO DE SANTA ISABEL LA REAL




























































































El pasado sábado, día 25 de noviembre, a través de la Fundación Albaicín, bajo el denominado Proyecto Piloto Urbano, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y el Excmo. Ayuntamiento de Granada, pudimos realizar esta visita guiada y programada al Monasterio de Santa Isabel La Real de Granada (situado en la calle del Albaicín que lleva su mismo nombre “Santa Isabel la Real”). Pudiendo llamar al teléfono de la Fundación Albaicín -958 200688- de 8 a 15 h. y solicitar la visita guiada en grupos (mínimo entre 7 y 10 personas y un máximo de 20), siendo el horario de visita todos los sábados a las 11:30 h. O también visitando su página Web en la siguiente dirección http://www.albaicin-granada.com/ y dentro al apartado "vistas" hacer la reserva.

El Monasterio que nos abre sus puertas como experiencia pionera en Granada, está bajo la tutela de la comunidad de franciscanas clarisas (en la actualidad unas 15 monjas) y el objetivo es el de mostrarnos el "rico legado patrimonial y religioso" de este monumento, que fue fundado por Isabel la Católica. Pudiendo acceder no sólo a la capilla, sino también a las dependencias conventuales como los coros, los dormitorios de Regina y Largo (aunque esta zona en la actualidad está en obras y no puede ser visitada), el refectorio y una cocina que alberga colecciones de cobres, latones, lebrillos, prensas, una magnífica colección de cerámica de Fajalauza y vajilla de diario. Agregar que el Monasterio fue construido por deseo expreso de los Reyes Católicos en 1501.
El acceso se realiza por una portada con la imagen de Santa Isabel de Hungría (bajo cuya advocación se fundó el monasterio), emblemas franciscanos y heráldica de los Reyes Católicos, que nos comunica con un exquisito compás, dentro del cual encontramos los muros blanqueados del recinto monacal y la amplia fachada de la iglesia y su torre que, junto con los muros de la iglesia de San Miguel el Bajo, forman un rincón ciertamente delicioso. Destacando el empedrado granadino que hay delante de la puerta principal de la Iglesia y que es el segundo más antiguo de Granada. Al final de dicha entrada principal (justo en frente del comienzo de la Calle de la Tiña), a mano izquierda, observamos el infatigable y antiguo torno de madera del convento de clausura. Aún me acuerdo que, de niño, íbamos a llevarle a las monjas pan duro y mondas de patatas para las gallinas que tenían en su huerto(a), y que nos cambiaban por recortes de las formas que después se consagraban en la Eucaristía.
En el interior de este monasterio se puede ver obras de arte de destacados artistas granadinos de los siglos XVI y XVII como Alonso de Mena, José de Mora, Bocanegra, Diego de Mora o esculturas de Pablo de Rojas, considerado el padre de la escultura andaluza. Destacando dos de sus más importantes joyas: un pequeño cuadro bajo relieve en alabastro (al lado derecho de la escalinata principal del altar, y un busto de la Dolorosa, ambas del maestro José de Mora.
Otro de los valores estéticos que podemos disfrutar los visitantes son las carpinterías mudéjares que alberga el monasterio, como una armadura de la nave de la iglesia, una armadura de la escalera, alfarjes del coro bajo y una bóveda de pinjantes en la capilla mayor. En el dormitorio de Regina se puede ver (aunque temporalmente está cerrado por obras) parte de la segunda mayor colección de "Niños Jesús" de España.
Otra dependencia destacable del monasterio es su claustro dotado de una amplitud e iluminación más que sorprendentes y cuya fuente central se consiguió por una “ajuste de cuentas”. Aclaro, por un ajuste de cuentas con el maestro albañil que habiendo cobrado más hasta la fecha, las monjas le sacaron este extra nada despreciable y cuyos caños, salientes de unas caras en relieve, fueron pioneros por aquellas fechas (1580)
Visita recomendada ya que a través del arte, podemos comunicarnos, escuchar ese silencio en el que está envuelto todo el monasterio y que se mantiene bajo la oración y el trabajo de las hermanas clarisas, mostrándonos que la vida no es sólo lo que está por fuera de sus tapias, por lo que nos peleamos en esta supervivencia a la que llamamos progreso. Pero una parada, de una hora y pico que dura la visita, nos hace olvidarnos de esa lucha y transportarnos a ese mundo interior y que escasea tanto.